Juan David Pascuales conoció a su hija Valeria cuando ella tenía seis años. No supo que era padre hasta meses después del nacimiento y para él la paternidad ha sido una experiencia “desastrosa”. Juan David también conoció a su papá a los ocho años y por ello cree, como bien postuló Jung, que somos proclives a repetir la historia de errores de nuestros padres a menos que seamos consientes de ellos.
.
.
La familia como la institución tradicional que culturalmente conocemos, casi que de manera enciclopédica, ya no es la misma. Parece una historia de tradición oral de los abuelos. Lo cierto es que ha sufrido una constante transformación a través de su historia, pero estos cambios han sido más trascendentales desde la mitad del siglo XX.
Según la socióloga antioqueña Ligia Echeverri Ángel, todos los cambios sociales de las últimas décadas han transformado esta institución con efectos que solo son visibles después de todos estos años.
Según Echeverri, la familia ya no es una unidad productiva económica como antaño, hay una abierta aceptación social y legal a parejas por la vía de hecho, ya no hay clandestinidad en las relaciones homosexuales, hay aumento de rupturas conyugales facilitadas por el tramite notarial, y sobresalen la separación entre la sexualidad y la procreación así como el desplazamiento y reducción de funciones tradicionales de la familia a otras instituciones sociales, como por ejemplo las sala cunas o las madres comunitarias.
Ahora las tipologías de familias resultan en particulares metamorfosis del parentesco, con casos como “la hija del otro matrimonio”, “la nueva esposa del padre”, “la papá de los niños”, “la abuela del hijastro”… y así.
Todos estos cambios han tenido un interesante efecto sobre el papel del padre en la crianza de los hijos y también en la estructura de la organización familiar. No se trata solo del viejo dicho “madre solo hay una…”. Algo ha hecho “click” y parece que, como bien dijo Juan David de Young, estamos siendo conscientes de los errores, algunos nada malintencionados, de nuestros padres y abuelos.
En ese interesante efecto ha tenido mucho que ver la redistribución de las tareas del hogar y la independencia económica y acceso de la mujer a trabajos bien remunerados. Esto ha favorecido que las tareas del padre y la madre se desenvuelvan de manera más democrática y con roles menos diferenciados. Aunque aún se ven casos, las mujeres ya no se sienten presionadas económicamente por sus esposos, ya que ellas también aportan para el sostenimiento de la familia, e incluso, en nuestro tiempo muchos hombres prefieren como compañeras mujeres que también trabajen, supongo que gracias en buena medida a nuestro salario mínimo mensual.
Jorge Villa es un hombre de 53 años, padre de dos hijos, Luis Gabriel de 17 años de una primera relación, y Jacobo de 6, de su actual esposa. Para él ha sido fundamental que su actual esposa, Luz Marina, también trabaje, incluso a veces con mejor remuneración que él, o al menos, fija, ya que él siendo artista escénico, depende de lo que logre ganar en presentaciones y giras con sus espectáculos.
.
.
En casos como este, quedo evidenciado que el statu quo del padre ya no es ser “dispensador de dinero” y debe hacer manifiesto su papel de padre basado más en el afecto que en el sostenimiento económico y la autoridad que con ella podría obtener.
Rigoberto y Adriana llevan ocho años de matrimonio y son padres de Daniel, de 5 años. Trabajan juntos y sus proyectos apuntan como prioridad al sostenimiento de su hijo y a fortalecer su vida familiar. Cuando Rigoberto no está de gira como director teatral o pedagogo en otra ciudad o país, se encarga de todas las labores que tengan que ver con el cuidado de su hijo, para compensar a su familia el tiempo del viaje. Tienen pactado que no se ausente más de un mes de casa y realice hasta 6 viajes al año, ya que las giras son una fuente de ingresos importantes en la familia, pero tampoco se trata de ser un padre ausente.
.
.
Estos dos ejemplos, favorecen el hecho de que la figura machista del padre proveedor y todo poderoso se vaya desdibujando, que incluso las labores domesticas y la crianza de los hijos, por la ocupación de las madres en actividades laborales, sean ahora una labor de dos.
Estos padres, mejor dicho, estas madres, que ahora tienen que vérselas con la maternidad y la vida profesional, laboral o académica, hacen que sus parejas sean consecuentes con esa gran responsabilidad, y que ellos, queriendo aportar a la familia, también exijan participar de la crianza de los hijos, no solo en lo económico. Hay casos incluso de hombres que no trabajan y se dedican (con toda la pasión y felicidad del caso) exclusivamente al cuidado de los hijos y las labores domesticas.
Juan Camilo y Francelly se mudaron juntos cuando ambos tenían 19 años de edad. Su hijo Samuel nació hace un año y cuatro meses. Juan Camilo dice que tal vez por ser tan jóvenes fue que su relación no soportó y terminaron por separarse cuando el bebé tenía seis meses. Aunque ya no tiene una relación de pareja, Francelly trabaja y es la que más aporta para el sostenimiento de su hijo y Camilo se dedica en mayor medida a su crianza, ya que no tiene un empleo fijo y es quién puede dedicarle más tiempo.
.
.
Rigoberto, Jorge, Juan David y Juan Camilo son todos profesionales de las artes en diferentes áreas. Entre ellos la paternidad es una experiencia absolutamente distinta, pero todos coinciden en que la paternidad es algo que va más allá de solo responder económicamente.
Hay un cambio en proceso, pero el verdadero aún no se da del todo. Investigaciones realizadas por científicos sociales (curiosamente en su mayoría mujeres), entre las que sobresalen Virginia Gutiérrez, Blanca Jiménez y María Dominique de Suremain, destacan que los cambios más trascendentales están en “establecer distancia con los modelos tradicionales, otorgándole mayor importancia a la paternidad y dándole nuevos significados a los hijos, compartiendo la proveeduría económica con las madres o compañeras, estableciendo con ellas relaciones afectuosas democráticas y desempeñando roles menos diferenciados entre padre y madre”. Pero que toda esta maravilla se encuentra en una fase de transición, en la que aún subsisten y costumbres patriarcales, propias de la “vieja escuela” junto a una nueva tendencia “democrática” de consolidación familiar.
Depende básicamente de los efectos que las actuales y polimorfas estructuras familiares y las relaciones de pareja tengan sobre las próximas generaciones, que serán las que den cuenta del verdadero cambio en los modelos de las familias. En resumen, los padres en transición tienen como rasgo destacado que son autocríticos y buscan ser diferentes del modelo tradicional, pero presentan aún las limitaciones para desempeñarse de acuerdo a las nuevas demandas, porque aún persiste cierta resistencia a dejar atrás la herencia machista patriarcal, tan propia de nuestra cultura antioqueña.

